A veces siento que llegan más rápido de lo que puedo pagarlas.
Algunas noches me siento en la mesa de la cocina y extiendo los sobres con las facturas, tratando de entender cuál de ellas puede esperar una semana más.
Pero a pesar de todo eso, Melissa nunca se queja.
Sabe alegrarse con las cosas más simples.
Una tarde entró corriendo a casa después del preescolar tan rápido que su mochila saltaba en su espalda.
—¡Papá! ¡Adivina qué!
Sonreí.
—¿Qué pasó?
Brillaba de alegría.
—¡Habrá una ceremonia de graduación en el preescolar! ¡El próximo viernes!