Explicó cómo tus seres queridos fallecidos permanecen cerca de ti.

El amor no muere cuando el cuerpo deja de funcionar.

El Padre Pío enseñó que cuando una persona abandona este mundo, no pierde su conciencia ni sus sentimientos. Al contrario, el alma accede a una forma de percepción más clara y profunda. Ya no ve con los ojos ni oye con los oídos, pero siente con una intensidad que aquí no podemos imaginar.

Dijo que los lazos creados con el amor verdadero no se rompen con la muerte. Una madre sigue siendo madre. Un hijo sigue siendo hijo. Un esposo continúa amando a su esposa.
El amor no depende del cuerpo. Pertenece al alma.

Por eso nuestros seres queridos pueden percibir cuando los recordamos con cariño, cuando pronunciamos su nombre en una oración o cuando atravesamos un momento difícil. No es que nos observen como si miraran una pantalla, sino que sienten nuestro estado interior, nuestra tristeza, nuestra esperanza y nuestras súplicas.

Las almas no están lejos; están unidas espiritualmente a nosotros.

El Padre Pío habló de una realidad invisible pero poderosa: una unión espiritual entre quienes viven en la Tierra, quienes se purifican después de la muerte y quienes ya están en la presencia de Dios. Esta unión se llama la comunión de los santos.