Gracias a esta composición, el tomate se convierte en un aliado natural para reforzar nuestras defensas, mejorar la piel y mantener en buen estado el organismo.
Poder antioxidante: el secreto del licopeno
Uno de los componentes más estudiados del tomate es el licopeno, un antioxidante que le da ese color rojo característico. El licopeno es capaz de neutralizar los radicales libres, responsables del envejecimiento celular y de diversas enfermedades crónicas.
Varios estudios han demostrado que el consumo regular de licopeno puede ayudar a:
Reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Proteger contra ciertos tipos de cáncer, especialmente el de próstata.
Cuidar la piel de los daños ocasionados por el sol.
Lo interesante es que el licopeno se aprovecha mejor cuando el tomate se consume cocinado, por ejemplo, en salsas o guisos, ya que el calor potencia su absorción.
Beneficios para el corazón y la circulación
El corazón es uno de los órganos que más agradece el consumo de tomates. Su riqueza en antioxidantes, vitaminas y minerales lo convierten en un alimento cardioprotector. El potasio y la vitamina B6 ayudan a mantener la presión arterial en niveles adecuados, mientras que el licopeno contribuye a reducir el colesterol malo (LDL) y a aumentar el colesterol bueno (HDL).
Incluir tomates en la dieta diaria puede, a largo plazo, disminuir el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y otros problemas relacionados con la salud cardiovascular.
Aliado natural para una piel saludable
Si buscas una piel más luminosa y protegida, el tomate puede ser tu mejor aliado. Sus antioxidantes ayudan a prevenir el envejecimiento prematuro, reducen la aparición de arrugas y protegen la piel frente a los daños ocasionados por la exposición solar. Incluso muchas mascarillas caseras utilizan jugo de tomate por sus propiedades astringentes y revitalizantes.