Apreté los dedos alrededor del colgante y sentí que se me aceleraba el pulso. O me fallaba la memoria… o algo andaba muy mal.
***
La noche en que regresó el padre de Claire, me quedé en la puerta de su casa con tres fotos impresas, cada una mostrando a mi madre usando el collar con años de diferencia.
Las coloqué sobre la mesa entre nosotros sin decir palabra y lo observé mientras las miraba. Tomó una, la volvió a dejar y juntó las manos como si el tiempo pudiera estirarse si las mantenía quietas.
—Puedo ir a la policía —le advertí—. O puedes decirme de dónde la sacaste.
O me fallaba la memoria… o algo andaba muy mal.
Exhaló lentamente, con ese suspiro que precede a la verdad. Entonces me lo contó todo.
Veinticinco años atrás, un socio le había ofrecido el collar. El hombre dijo que había pertenecido a su familia durante generaciones y que se decía que traía una suerte extraordinaria a quien lo llevara.
Había pedido 25.000 dólares por él. El padre de Claire lo pagó sin regatear porque él y su esposa llevaban años intentando tener un hijo, y en ese momento estaba dispuesto a creer casi cualquier cosa.
Claire nació once meses después. Dijo que nunca se había arrepentido de la compra.
Pregunté por el nombre del hombre que lo vendió.