50ml de aceite vegetal o mantequilla derretida: Aporta humedad y suavidad a la textura final, evitando que el pastel se reseque y contribuyendo a esa sensación de derretirse en la boca.
Para la cobertura opcional:
200ml de nata para montar: Crea una cobertura ligera y cremosa que complementa perfectamente la textura del pastel, añadiendo un elemento visual atractivo y un contraste de texturas.
1-2 cucharadas de azúcar glas: Endulza la nata montada de manera sutil y ayuda a estabilizarla, proporcionando la dulzura justa sin resultar empalagosa.
Frutas frescas variadas: Fresas, frambuesas, moras o cualquier fruta de temporada que aporte color, frescura y un contraste ácido que equilibra la cremosidad del conjunto.
Preparación
Etapa 1: Precaliente su horno a 170°C (340°F). Durante este tiempo, engrase completamente un molde redondo de 20 centímetros de diámetro y cúbralo con papel pergamino, asegurándose de que sobresalga ligeramente por los bordes para facilitar el desmoldado posterior. Alternativamente, puede espolvorear harina sobre el molde engrasado.
Etapa 2: Separe cuidadosamente las claras de las yemas, asegurándose de que no quede ni rastro de yema en las claras ya que esto impediría que monten correctamente. En un bol grande y completamente limpio, bata las claras con una pizca de sal hasta que formen picos firmes y brillantes. Reserve en el refrigerador para mantener su estabilidad.
Etapa 3: En otro bol amplio, bata vigorosamente las yemas con el azúcar durante 3-5 minutos hasta obtener una mezcla cremosa y de color amarillo claro. Incorpore el yogur natural y la esencia de vainilla, mezclando suavemente hasta lograr una integración completa y homogénea sin grumos.
Etapa 4: Tamice la harina junto con el polvo de hornear directamente sobre la mezcla de yemas para evitar grumos y asegurar una distribución uniforme. Añada el aceite o mantequilla derretida y mezcle con movimientos envolventes usando una espátula hasta obtener una masa lisa y homogénea, evitando el batido excesivo.