Nos sentamos y comimos.
Le pregunté a Clara sobre sus últimos resultados de laboratorio.
Ella dijo: “Bien, en realidad. Por una vez”.
“Eso es genial”.
Evan dijo: “Te ves saludable”.
Ella le sonrió. “Me siento mejor”.
Traje una caja de regalo de plata y la puse en el medio de la mesa.
Corté mi comida y dije: “Eso debe ser un alivio para ambos”.
Ninguno de los dos reaccionó. Tal vez pensaron que me refería a ambas familias. Tal vez fueron demasiado estúpidos para escuchar el borde en ella.
La cena siguió adelante.
Preguntas normales. Voces normales. Sus pequeñas miradas secretas. Su tono cuidado. Su sonrisa sobrebrillante.
Entonces llegó el postre.
Me puse de pie y dije: “Tengo algo para ambos”.