El dolor en el servicio militar no es inusual. Uno aprende pronto a distinguir entre la incomodidad y el peligro real. Pero esto sobrepasó todos los límites.
Cuando intenté ponerme de pie, mi pierna simplemente cedió. Ya no la sentía como mía. El rostro del médico me lo dijo todo incluso antes de que hablara.
—No te muevas —dijo. Su tono era sumamente serio.
Un diagnóstico que exigía acción
Bajo las intensas luces fluorescentes de la clínica de la base, vi mi futuro pendiendo de un hilo. La asistente médica no se anduvo con rodeos.
Mostró mi resonancia magnética en la pantalla: imágenes fantasmales en tonos grises que revelaban un daño significativo en los ligamentos. Posiblemente más, explicó.
—Necesitas cirugía. Pronto —dijo, señalando en la pantalla donde el daño brillaba sobre el tejido sano.
Hice la pregunta más importante: —¿Cuándo?
Su pausa lo decía todo. Ese instante de vacilación me indicó que mi recuperación se medía en días, no en semanas.