Cocinar es una invitación.
Cuando aceptas un lugar en la mesa de alguien, aceptas horas de esfuerzo y cariño.
Incluso la comida más sencilla —huevos y pan— puede tener significado cuando se comparte intencionalmente.
Y cuando cocinas para otros, les estás diciendo en silencio:
“Pensé en ti”.
¿Qué lugar ocuparás en la vida?
Ampliemos la metáfora.
¿Qué lugar ocuparás en tus relaciones?
¿Qué lugar ocuparás en tu familia?
¿Qué lugar ocuparás en tu comunidad? ¿Elegirás el liderazgo?
¿La observación?
¿La conexión?
¿El apoyo?
Los espacios representan elecciones.
No siempre podemos elegir todas las circunstancias, pero sí podemos elegir cómo participar.
La mesa de la vida siempre está puesta.
Los platos siempre esperan.