Llamé con voz temblorosa, intentando no gritar, mientras seguía mirando por la rendija.
No lo dije todo.
Solo repetí mi dirección y les pedí que vinieran de inmediato.
Mark no me oyó al principio.
Siguió hablando con Sophie con paciencia, como un hombre que cree que cada gesto suyo merece confianza, incluso cuando ya huele a mentira.
Parecía una foto de niños.
Estaba acurrucada en la bañera, con las rodillas pegadas al pecho.
No lloraba.
Eso fue lo que más me partió el corazón.
Parecía una niña adiestrada para obedecer.
Cuando abrí la puerta, Mark giró la cabeza lentamente, sin sobresaltarse del todo.