Pero se detuvo a unos pasos y dijo en voz baja:
—Papá… no te invité.
Aquí vienen las familias…
pero tú ya no eres parte de la nuestra.
Vete de aquí.
Sentí como si me hubieran golpeado en el pecho.
Lo miré sin entender.
—¿Qué dices…?
Suspiró, incómodo.
—Mamá no quiere problemas hoy.
Y… bueno… tú sabes cómo son las cosas ahora.
No hagas esto más difícil.
Su novia estaba detrás, mirándome como si yo fuera un extraño.
Los invitados empezaban a observar.
No quise hacer escándalo.
Respiré hondo.
Sonreí.
Y le dije con calma:
—Está bien, hijo…
pero antes de que entre…
mira tu teléfono.