No una fortuna de redes sociales.
El tipo de fortuna que se esconde tras estructuras sólidas y una planificación meticulosa.
El tipo de fortuna que se guarda en fideicomisos, sociedades de responsabilidad limitada, cuentas que no buscan llamar la atención.
El tipo de fortuna que proviene de la paciencia y de comprender cómo los demás ocultan sus cosas.
Una vez, mientras caminábamos por la calle St. George bajo viejos balcones cubiertos de helechos, me dijo: «Cuando pasas suficientes años siguiendo la pista de la avaricia, o te vuelves avaricioso o te vuelves discreto».
Él eligió la discreción. Vivíamos cómodamente, pero sin excesos.
Alquilamos un tiempo y luego compramos el apartamento en San Agustín a través de una sociedad holding que más tarde se integró en un fideicomiso. Apenas me di cuenta porque confiaba en él y porque odiaba que el dinero dominara una habitación.
Viajábamos cuando queríamos.
Comíamos donde nos apetecía.
Coleccionábamos libros, no estatus.