«Eso es imposible».
Elena deslizó el primer documento de la carpeta y lo levantó lo suficiente para que todos vieran el sello.
«No es imposible», dijo.
«Está registrado».
Fiona intentó recomponerse primero.
«No hay testamento.
Lo hemos comprobado».
«Exacto», respondió Elena.
«Queda muy poco por tramitar».
Eso fue intencional.
El silencio que siguió fue exquisito. Porque con una sola frase, Bradley los había derrotado con lo único que nunca se habían molestado en comprender: la estructura.
Marjorie me miró entonces, me miró de verdad, y por primera vez desde que abrí la puerta, la incertidumbre se reflejó en su rostro.
—¿Qué te dijo? —preguntó.