Comienza colocando el agua hirviendo en un recipiente amplio. Es importante que el agua esté bien caliente, ya que esto ayudará a que la masa tenga una textura más suave y manejable. Añade la cucharadita de sal y mezcla hasta que se disuelva completamente.
A continuación, incorpora poco a poco la harina mientras mezclas con una cuchara o espátula. Cuando la mezcla comience a tomar consistencia, empieza a amasar con las manos. Este proceso puede tomar algunos minutos, pero es fundamental para desarrollar una masa suave y elástica.
Si notas que la masa está demasiado pegajosa, puedes añadir un poco más de harina, pero con cuidado de no excederte para evitar que se vuelva demasiado dura.
Paso 2: Integrar el aceite y reposar
Una vez que tengas una masa uniforme, añade el aceite vegetal. Amasa nuevamente hasta que el aceite esté completamente integrado. Este paso le dará a la masa una textura más flexible y evitará que se reseque.
Forma una bola con la masa, cúbrela con un paño limpio o plástico y déjala reposar durante aproximadamente 20 minutos. Este reposo permitirá que el gluten se relaje, haciendo que la masa sea más fácil de estirar posteriormente.
Paso 3: Preparar el relleno