Sus dedos temblaron… pero no se apartaron.
Tres días después, Salgado regresó.
Traía un expediente grueso.
Lo dejó sobre mi escritorio sin decir palabra.
Lo abrí.
Y cada página era peor que la anterior.
Empresas pantalla.
Cuentas en el extranjero.
Pagos a policías.
Denuncias de mujeres retiradas misteriosamente.
Fotos.
Videos.
Pruebas.
Arturo Vela no era solo un hombre violento.
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