El cuerpo físico termina su función en la tierra, sea por cremación o enterramiento.
El espíritu continúa su viaje hacia otra dimensión de conciencia o existencia.
La cremación no “daña” ni altera ese espíritu porque la conciencia ya se ha separado del cuerpo físico antes de ese acto ritual.
Un proceso de transición, no de desaparición
Para Kübler-Ross, la muerte es una transición —algo que se experimenta con claridad, paz y significado profundo— y no un vacío o una ausencia absoluta. Las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte (como estar clínicamente muertos y luego revivir) comparten consistentemente relatos similares: una luz intensa, la ausencia de dolor, la presencia de seres queridos fallecidos y un profundo sentido de amor.
Este tipo de experiencias sugiere que:
La conciencia puede percibir el entorno incluso cuando las funciones corporales han cesado.
La separación del cuerpo físico es solo un paso hacia un estado más amplio de percepción y existencia.
La cremación se considera una práctica cultural o ritual, pero no un factor que afecte la continuidad del espíritu.