Asentí una última vez en señal de despedida. Él también lo hizo, sin decir nada más.
Luego salí. La reja se cerró de golpe detrás de mí, el sonido marcando el final de todo lo que había soportado durante esos cinco años.
Caminé por la calle. Pasé junto a casas de colores vivos. Junto a un perro dormido bajo un árbol de jacaranda. Escuché música de mariachi a lo lejos desde una cantina cercana.
La vida seguía.
Solo que la mía… acababa de derrumbarse.
Me repetí que no mirara atrás. Que no recordara los silencios, las miradas, las palabras que dolían.
Pero después de unos pasos, sentí que algo no estaba bien.
Miré la bolsa. Demasiado ligera.
Una ráfaga de viento pasó. Pétalos morados cayeron.
La abrí.
No había basura.
Dentro había un sobre viejo color café, cuidadosamente envuelto en plástico.
Mis manos temblaron al sacarlo.
Abrí el sobre.