Una vez pasado este tiempo, escúrrelos bien.
2. Preparar la base del dulce
En un procesador de alimentos, coloca los dátiles hidratados.
Tritura hasta formar una pasta espesa y homogénea.
Agrega las galletas trituradas, el cacao en polvo, la pizca de sal y los 100 ml de leche.
Vuelve a procesar todo hasta obtener una mezcla uniforme, suave y moldeable.
Si notas que la mezcla queda demasiado seca, añade un poco más de leche.
Si queda muy líquida, puedes agregar más galletas trituradas.
El resultado final debe parecer una masa ligeramente pegajosa pero compacta.
3. Incorporar el aceite y las avellanas
Con la base lista, es momento de darle profundidad a la textura.
Agrega los 30 ml de aceite vegetal y mezcla con una espátula.
El aceite ayuda a suavizar la mezcla, aporta humedad y mejora la estructura final del postre.
Luego incorpora las avellanas picadas.
El toque crocante que aportan es fundamental para ese contraste perfecto entre cremosidad y crujido.
4. Moldear la masa
Forra un pequeño molde rectangular o cuadrado con papel manteca o papel vegetal.
Esto facilitará desmoldar el postre más adelante.
Vierte la mezcla dentro del molde y distribúyela de manera uniforme.
Presiona con una cuchara o con las manos ligeramente húmedas para compactar bien la masa.
Lleva el molde a la nevera mientras preparas la cobertura.