El peluche siempre con ella.
Y Damián…
la observaba desde la distancia.
Con algo que no conocía antes.
Paz.
Pero una noche…
mientras cerraba el despacho…
vio algo.
Sobre el escritorio.
Un papel.
Húmedo.
Como si hubiera estado bajo la lluvia.
Una sola frase.
“Las deudas… nunca desaparecen.”
Damián no sonrió.
Pero tampoco temió.
Porque esta vez…
estaba listo.