Llorar.
El sonido era tan extraño y débil que el vecino más cercano pensó al principio que había un niño fuera.
Para cuando lograron forzar la puerta principal, la casa estaba en silencio.
El ventilador sigue girando.
La sopa seguía intacta.
Mercedes sigue en la mecedora.
Una mano en el reposabrazos.
La otra colgaba tan cerca del suelo que Sol tenía que presionar su nariz contra ella, intentando una y otra vez despertarla.
Después de eso, la gente se movió rápidamente.
En los pueblos pequeños, el dolor se moviliza más rápido que el gobierno.
Alguien llamó a la parroquia.
Alguien llamó a la funeraria.
Alguien trajo sábanas.
Alguien cerró las ventanas.
Alguien preparó café.
Alguien hizo una lista.
Alguien preguntó si Tomás había sido informado.
Marta dijo que sí, aunque en realidad solo había enviado mensajes y dejado