Ahora espolvorea generosamente el condimento elegido, seguido de sal y pimienta. Vuelve a frotar para que cada grano de especia se adhiera a la superficie aceitada. Este contacto físico no solo distribuye los sabores uniformemente, también te conecta con tu comida de una manera que cocinar a distancia nunca logra.
No escatimes en el sazonado. Recuerda: parte se perderá durante la cocción, y el pollo necesita estar bien condimentado para desarrollar esos sabores profundos que buscamos.
Paso 4: Deja que el Horno Haga su Magia
Introduce la bandeja en el horno precalentado y hornea durante 35-40 minutos. Durante este tiempo, la piel gradualmente se tornará dorada mientras la grasa se derrite, creando esa textura que hace que cerrar los ojos con el primer bocado sea inevitable.
La temperatura interna debe alcanzar 74°C (165°F) en la parte más gruesa del muslo, sin tocar el hueso. Si no tienes termómetro (aunque deberías considerar uno), pincha la parte más carnosa: los jugos deben salir completamente claros, sin rastros rosados.
Resiste la tentación de abrir constantemente la puerta del horno. Cada vez que lo haces, pierdes calor y prolongas la cocción.