“Vine a cobrar la deuda que le debes a mi mamá”, dijo la niña al hombre más temido de la ciudad…

El mundo reduciéndose a instinto.

Cuando el ruido terminó…

solo quedaron dos.

Damián.

Y el hombre del anillo.

Heridos.

De pie.

Respirando con dificultad.

—Esto… nunca fue por poder —dijo el hombre.

—Lo sé.

—Fue por ella.

Damián lo miró.

—Elena.

Silencio.

—La mataste.

—No.

Una pausa.

—Pero dejé que ocurriera.

El peso de la verdad cayó.

—Porque eligió salvarte a ti.

El aire se detuvo.

—Y no a nosotros.

Damián no respondió.

Porque no había respuesta.

—Así que ahora… te quito lo que te dejó.

Apuntó.

Última bala.

Pero no disparó.

Porque una voz…

lo detuvo.

—Ya pagaste suficiente.