La historia completa Mi vecina llamó a servicio social porque tengo 14 años y trabajo vendiendo comida en la calle.

Hasta que llegó la señora con la libreta.

Alta, seria, con cara de no haber comido pizza con borde relleno en su vida.

Se presentó de servicios sociales y me miró como si yo fuera un documental triste con música de piano.

—¿Sabes que los menores no deben trabajar en la calle? —me preguntó.

—¿Sabes que estas empanadas y pizzas tienen queso, pollo y amor? —le respondí—. Le hago combo, promoción y sonrisa gratis.

Anotó algo en su libreta. Yo aproveché y le acerqué la canasta.

La compró. Entera. Sin regatear.
Ahí supe que no era tan mala persona… solo tenía cara de lunes.

Valentina me miró con los ojos brillantes y susurró:

—Sofi… ¿le cobraste el precio de cliente difícil?

—El máximo —le dije.

Me chocó los cinco como si hubiéramos cerrado un trato millonario.